Protejamos su juego libre

Protejamos su juego libre

Me gustaría escribir estas palabras para ayudar en la medida de lo posible a aliviar el malestar que puedan estar viviendo en estos momentos las criaturas que llevan días confinadas en sus casas a causa del COVID-19.

Como maestra de educación especial y psicomotricista me interesa ahora cuidar especialmente dos aspectos esenciales para la infancia: su libertad de movimiento y su autoestima.

La infancia necesita movimiento libre, todos los días. Lo necesita de tal manera que si no lo tiene enferma, y su salud mental también sufre… Los animales venimos preparados biológicamente para crecer sanos a través del movimiento espontáneo, el que viene de dentro, no el dirigido. El movimiento libre nos ayuda a regular nuestras funciones más básicas. La infancia juega a moverse y eso tiene todo el sentido. No es una perdida de tiempo, ni es intercambiable por estar quietos.

Por eso me preocupa la infancia encerrada en espacios pequeños, de manera sostenida.

Porque muchas familias no tienen acceso a un espacio al aire libre en sus balcones, terrados, patios o jardines… ¡porque simplemente no los tienen!

Así que hay niños y niñas que están pasándolo especialmente mal en estos días.Y me preocupan por dos razones. Una porque los adultos que los rodean, pueden tratar de limitar su necesidad de movimiento de manera brusca, con enfados, crítica, malestar y malhumor hacia los pequeños de la casa. Sin mostrar toda la empatía por su legítima necesidad de movimiento. Esta realidad daña la autoestima de esas niñas o niños porque a través de esas palabras furibundas o esas quejas continuadas, entienden que hay algo de malo en ellos, en su deseo, en su impulso. Cuando no es así.

La otra situación que me preocupa es que caigamos en la solución aparentemente más limpia y más sencilla: las pantallas. Esas con las que no hay desorden ni ruidos en casa. Esas con las que “no hay niño”.

Los adultos empantallados y los niños también. 

Yo no estoy en contra del acceso a las pantallas, de manera limitada, a partir de los 3 años. Pero repito lo de “de manera limitada”, puntual… 

Como especialista en dificultades del lenguaje también sé que los niños expuestos a pantallas tempranamente (antes de los 3 años) tienen un vocabulario más empobrecido y mayores dificultades en el habla. También muestran una mayor dificultad ante las frustraciones o la aceptación de los límites ¡Las pantallas tienen sus efectos secundarios! Además crean adicción y provocan una clara disminución del juego real, simbólico, tan necesario para procesar su mundo interior y exterior.

La infancia necesita jugar libremente y mucho para crecer en harmonía.

Pero especialmente necesita mucho juego para conectar con su capacidad de resiliencia ante las mayores adversidades: jugando a lo que les dolió o les preocupa… lo sanan.

Así que mi llamado es a proteger en esta cuarentena su juego libre, simbólico. Todos y cada uno de los días.

Cuando un niño se levanta y ya pide pantalla, se nos podría encender una alarma interna a los adultos y recordar que entonces es buena cosa decirle que mejor ahora jugamos y ya por la tarde “vemos” algo. Porque si simplemente le decimos que NO a la pantalla y no le ofrecemos nuestra disponibilidad, nuestra mirada… tan solo conseguiremos avivar su malestar.

Mi invitación es a estar atentos a si nuestros hijos juegan simbólicamente, si juegan a construir, a crear historias y mundos con sus manos… Si juegan con todo el cuerpo y toda el alma a que son personajes… ¡Eso es sano para ellos! Y si no lo hacen… y solo piden pantalla… entonces vayamos ofreciendo tiempos de juego juntos.

Este es tiempo para hacer cabañas bajo la mesa del comedor o transformar el sofá y los cojines de la casa en una modesta sala de psicomotricidad como la que tenían en el cole. Estando atentos a su seguridad pero también permitiendo su libertad de movimiento.

Ojalá en estos días encontremos tiempo para volver a sentarnos en el suelo y mirar a nuestros hijos. Sin el móvil en la mano, sin nuestra atención dividida. Sin desear estar haciendo otra cosa o estar en otro lugar de este mundo.

Este momento no volverá y esta edad suya pasará volando.

Tengan la edad que tengan nuestros hijos, aunque sean ya adolescentes, ofrezcamos tiempo juntos en lugar de limitarnos a criticar su desconexión de la realidad a través de las pantallas. Este es un gran momento para restablecer y fortalecer nuestros vínculos. No desde la crítica, sino expresando nuestras ganas de pasar tiempo juntos y preguntando qué les gustaría que hiciéramos juntos.

Y si nos cuesta jugar… podemos también proponerles dedicar nuestro tiempo y nuestra presencia a aquello que nos apetece un poco más…

Cuando yo estaba muy cansada, siempre recurría a jugar con mis hijos a las peluquerías o a los masajes y tenía un neceser repleto de cositas y cremas para que me adornaran el cuerpo o para mimarles yo el suyo. También pelotitas, plumas y objetos para pasar sobre la espalda o los brazos… O dejaba que me hicieran tatuajes en las piernas, las manos o la espalda… Para ellos era agradable ¡y para mi más!

Ojalá tu encuentres aquellas cosas que te permiten conectar con la misma frecuencia en la que están tus hijos. Los niños están en el cuerpo y en las emociones… Los adultos lamentablemente nos pasamos el día en la mente. Por eso en realidad estar junto a nuestros hijos es una oportunidad para volver a bajar de la mente a nuestro corazón.

Y ahora déjame que me ponga un poco poética:

Puede ser cuando todo esto pase y nuestros hijos crezcan, recuerden de este tiempo las risas y los juegos por toda la casa al escondite con sus hermanos ¡y con su madre y con su padre…! 

Puede ser que cuando esto pase y nuestros hijos crezcan, también recuerden que fue entonces cuando al fin lo dejamos todo para leerles en voz alta libros de nuestra infancia, que ahora pasan a formar parte de la suya.

Puede ser que cuando esto pase y nuestros hijos crezcan, también recuerden que en estos días recuperaron el placer de volver a jugar en el suelo, con el cuerpo presente, más allá de las pantallas… Y que fue entonces que aprendieron a construir mundos en su casa con cajas, celofán, tijeras y material reciclado.

Puede ser…

Cristina Romero. Madre, maestra, psicomotricista y escritora.

Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. Apreciada Cristina, sóc Marta Graugés defensora de fa anys del joc lliure, ahir els de l’axell em varen passar el teu, article , quina bellesa, quina realitat, L’he enviat a les famílies de l’espai de joc de gira-sol i ara el penjaré al face de gira-sol, no es pot perdre aquest joc…. Estem en un moment que cal potenciar-lo, la tècnica es molt atractiva. Gràcies , gràcies, gràcies, Cristina el comparteixo. Aprop
    marta

    1. Gràcies mil Marta!!! I taant que conec la teva feina al Girasol 😉 Abraçades gegants!
      Cris

  2. Muy interesante! Gracias! Una consulta, cómo hacer para proponerles terminar la actividad que estén haciendo si ya es hora de comer, por ejemplo? Sé que no tiene que ser algo puntual y estricto, pero cómo llevarlos a que vayan “despidiéndose” para hacer lo otro? O los dejamos hasta que terminen por propia voluntad? Normalmente mi hija ya tiene hambre así que no hay problema, pero han habido veces en las que no quiere almorzar porque está muy concentrada y hasta a mí misma me da pena cortarle eso.
    Gracias!!

    1. Muy buenas Desirée, a mi me funciona avisar con tiempo de que estamos en la fase final antes de terminar y que aprovechen para elegir a qué jugar o cómo quieren acabar por ahora el juego. Un abrazo!

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